Deporte infantil PDF Imprimir E-mail

 ¿Cómo definir hoy la cuestión deportiva en un ser humano en proceso de crecimiento?
Existen muchos lugares desde donde iniciar el ensayo de una respuesta, ya sean la psicomotricidad, el carácter social, el rendimiento, etc, pero tal cual están planteadas las cosas en nuestra sociedad, quizá solo tengamos respuestas parciales.
Hay algo evidente hoy: de una manera u otra, todos somos hoy consumidores de deporte (y para esto no es estrictamente necesario practicar deporte), y como a cada momento histórico le corresponde una moral, creo que esto define una moral deportiva, en relación directa a una moral social.
El tema es amplio, y más aún en el caso de la infancia, en el que el movimiento físico atraviesa todo el proceso de desarrollo, y hoy ese proceso está amenazado por variables tan definitivas como la alimentación, en un amplio porcentaje de la población, por citar solo una.


Veamos que formas adopta hoy el deporte infantil:

1- Deporte escolar: A cargo de profesores de Educación Física, en el mejor de los casos dos veces por semana, una clase de 45minutos, en escuelas estatales. Los colegios privados tienen un promedio de horas mayor, cerca del doble de los estatales, y en muchos casos una competencia los días sábados, lo que define, en la mayoría de los casos , una formación unilateral.


2- Deporte competitivo: vinculado a instituciones deportivas (clubes), con un mínimo de tres estímulos semanales, incluída la competencia, que sigue las normas del deporte federado en la inmensa mayoría de los casos, a cargo de entrenadores, deportistas avanzados, ex deportistas, profesores de E F, etc.


3- Deporte espontáneo: aquel juego que se da a nivel comunitario, en la calle, baldío, etc, en franco retroceso debido entre otras cosas a la inseguridad y la pérdida cada vez mayor de espacios y hábitos de movimiento.
Existen otras formas, en comunidades cerradas , pero generalmente remedan los esquemas escolares o competitivos.

Tenemos entonces, a grandes rasgos, una forma competitiva y una teóricamente educativa, mientras que la forma espontánea podría clasificarse como puro juego, de lo que hablaremos más adelante
Ahora, tanto a nivel educativo como competitivo, tenemos un elemento en común, que es la formación de los responsables de la enseñanza, y este es un aspecto crucial a desarrollar: siendo la enseñanza deportiva una actividad sujeta a una distribución de estímulos a lo largo del tiempo, según principios tanto fisiológicos como pedagógicos, se puede decir con seguridad que todo proceso deportivo es un proceso de entrenamiento, y por lo tanto la calidad de los estímulos recibidos por un joven en proceso de desarrollo dependen en relación directa de la calidad de los conocimientos de los educadores, ya que forman la 1° línea de responsabilidad en la dirección que tome el movimiento físico en el desarrollo integral de estas personas, lo que incluye de manera ineludible los modos de relación equitativa implícitos en la práctica deportiva y a partir de ella, el desarrollo individual.
Relacionado directamente con los comportamientos individuales y sociales está el tema de la competencia deportiva infantil, que hoy navega en un mar de contradicciones cuyas principales víctimas son quienes lo practican, aunque sin embargo, su forma esencial forma parte del principio de la superación sistemática, y está además implícito en el comportamiento infantil, como una manifestación ineludible de un desarrollo normal. Digamos de paso, que la competencia implica de manera el principio de cooperación, lo que define el carácter social de la formación deportiva.
Queda entonces esbozada la línea de esta discusión: como dirigir un proceso efectivo que acompañe y favorezca el proceso de desarrollo individual y paralelamente desarrollar conductas sociales cooperativas que sean además, dadas las actuales ( y aparentemente futuras) condiciones sociales, favorecedoras de hábitos de higiene sanitaria conciente.
Es importante esta idea: quizá el deporte sea una herramienta de salud mucho más importante de lo pensado hasta este momento.
Debemos entonces definir, o redefinir, nuestro concepto de que significa la competencia, y revisar los conceptos en aplicación, tanto pedagógicos como fisiológicos.
El concepto de competencia deportiva vigente hoy tiene origen en el inicio del siglo pasado, cuando se recuperan las competencias olímpicas, paradójicamente a iniciativas de intelectuales, de los que el noble francés Barón Pierre de Coubertin es el principal referente Paralelamente, otros intelectuales europeos fueron sentando las bases de la acción educativa del deporte, y su importancia en la juventud.
No es casual que este momento coincida con la idea de progreso ilimitado, en el apogeo de la Revolución Industrial y plena vigencia de la Teoría de la Evolución de Charles Darwin. La consigna "más rápido, más fuerte, más alto" convirtió al rendimiento deportivo -y los resultados en la competencia -en el espejo del desarrollo alcanzado por las naciones.
Este concepto se mantuvo vigente a lo largo de todo el siglo XX, como lo manifestó en su momento la Alemania del Nacional Socialismo y mucho más adelante, en plena Guerra Fría, el duelo, Olimpíada tras Olimpíada, entre EEUU y la Unión Soviética.
Rota la bipolaridad, el Deporte Olímpico, en manos de las estructuras económicas de poder pasa ser el vehículo de negocios millonarios, los deportistas pasan de ser héroes nacionales a superestrellas y, vía mercado, el deporte entra en la etapa más individualista de la historia, en la que todo vale para ser el vencedor.
Estas estructuras, trasladadas a todas las formas deportivas, definen un concepto del deporte en donde el deseo de vencer es prioritario, desplazando y en muchos casos vaciando de contenido a la práctica deportiva.
La actitud competitiva es absolutamente natural, vinculada al deseo de superación, la actitud deportiva como tal es una acción impulsiva, espontánea, y las reglas que se demarcan ante un juego espontáneo tienden a la equidad, de manera de prolongar el interés, hacer durar el juego. En la niñez, la "frustración " del que pierde se resuelve , casi siempre inmediatamente; con el mismo juego, El objetivo está en jugar.


¿Qué ocurre cuando el objetivo es ganar?

Entonces la energía que debería dirigirse al movimiento, a mejorar la calidad del movimiento, a incorporar elementos espacio-temporales y de relación espontáneamente se dirige al final del juego, convirtiendo al tiempo de juego en un tiempo de angustia, angustia de perder, boicoteando y anulando el concepto de juego. Puede decirse que el juego desaparece, quedando solo la competencia
En éstas condiciones, la frustración va indefectiblemente ligada a un resultado, (aparentemente TODO depende hoy de los resultados) el proceso pasa a un 2° plano y se definen hábitos que generalmente alejan a un joven del placer del movimiento. Tengamos en cuenta que existe una presión social espontánea por el triunfo, del que prácticamente nadie puede escaparse hoy.
El movimiento efectivo en términos de crecimiento y desarrollo tiene, como dijimos, un fuerte vínculo con la espontaneidad y el deseo por jugar, y este aspecto debe estar omnipresente en las planificaciones de los procesos de educación deportiva. El deseo de jugar , presente en todos los jóvenes en edad de desarrollo, es el principal elemento igualitario y la cooperación en el juego la base de la aceptación de las diferencias. Una pedagogía del juego que incluya a la competencia como una variable natural del comportamiento infantil tiene seguramente muchas más posibilidades de éxito en términos de desarrollo de conductas sociales, y obviamente en el bienestar individual.
Ahora bien, esta pedagogía deportiva debe traducirse en formas de movimiento asimilables por cada uno de los receptores, lo que obliga por un lado al conocimiento de las posibilidades fisiológicas de los niños y su relación con las cargas de entrenamiento ( tema a desarrollar más adelante) y por otro el diseño de metodologías que integren las diferencias sin detrimento del desarrollo individual y el placer por el juego.
Cabe aclarar que este concepto de formación deportiva es absolutamente válido tanto si se trata de una clase escolar como de una actividad en una institución deportiva. No es posible esperar resultados deportivos positivos en un proceso que no respete las leyes del desarrollo individual.

 
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