El agujero negro del Tenis PDF Imprimir E-mail

Algunos años dedicados al entrenamiento de tenistas, bajo el enfoque técnico de diferentes entrenadores, nos permitieron un primer nivel de conclusiones, que luego extendimos a conceptos propios con respecto al como formar a un tenista.

1) El tenis es un deporte altamente lesionante. Casi desde el primer momento del contacto con una raqueta, se ponen en marcha procesos de sobredaptación, que en el 100% de los casos que observamos, y con los que trabajamos, derivan en dos canales muy claros:
a) un primer nivel de lesión , de carácter osteomuscular, que genera asimetrías segmentarias,

b) un déficit en la ejecución gestual, profundamente asociada al desequilibrio postural global,

Vale la pena reforzar estos conceptos: es inevitable para un niño de menos de 12 años esta sobreadaptación, tanto a nivel mecánico como neuromuscular, el desfasaje a nivel de palancas que genera la unilateralidad que representa la raqueta, que en algunos niños pequeños representa un 100% más que la longitud de su miembro superior, no puede resolverse desde las metodologías actuales.

Cualquier análisis vinculado a este deporte no puede dejar de lado el aspecto de lo competitivo. Solo el tenis genera en los jugadores jóvenes tanta carga emocional vinculada a la efectividad, ya sea en un resultado final o durante el juego. Debemos destacar que estas conductas tiene su máxima expresión en este deporte, hemos visto niños de 12 años que ya no juegan al tenis, lo lúdico fue desplazado por lo competitivo. Se desarrollan en este marco conductas complejas asociadas al resultado, en un vaivén constante entre el alivio de no perder y la frustración de una derrota. El resultado en tenis nunca se vive naturalmente.

2) El tenis es un deporte que se vive internamente a alta velocidad, siempre.

El nivel de operaciones mentales que se ponen en juego en cada pelota es muy alto, y es más definitivo cuanto menor sea el nivel de juego.
Por otra parte, las metodologías actuales son forzadas desde el punto de vista psicomotor, el modo de enseñar omite pautas ontogénicas y reglas metodológicas tan simples como ir de lo simple a lo complejo, y ni hablar de la percepción espacial vinculada a este juego, en donde la raqueta es una extensión de mi cuerpo y la trayectoria de la pelota mi injerencia sobre un espacio predeterminado, institucionalizado, que define en mí y en el marco formal del juego valores de todo o nada.
Hay que aclarar ya que la técnica de un golpe es una herramienta de proyección espacial, y que no debe desarrollarse si no se instala primero una conducta que la haga necesaria.
El como se accede a una situación de tenis es uno de los grandes agujeros negros de las metodologías actuales, y la adaptación de un elemento extraño a un organismo en desarrollo, como lo es una raqueta bruscamente depositada en la mano de un niño de 8 o 9 años por un profesor de turno formado en 16 clases, es un tema más que delicado y obliga a la reflexión.

 

Nuestro enfoque

Los dos aspectos antes planteados definen el marco de formación de nuestros tenistas, llevar a cero la incidencia de lesiones e instalar en un niño la máxima velocidad de resolución gestual, siempre y en cada momento de su desarrollo (oportunidad), en donde el gesto técnico es vehículo una necesidad de carácter altamente específica.

 
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