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Incidencia en la toma de decisiones
La medicina identifica un género lesional conocido como enfermedad profesional.
Una enfermedad profesional se desarrolla en el ejercicio de nuestra profesión, en func
ión de la especificidad de ésta, y las primeras en identificarse fueron aquellas referidas a oficios, actividad física o manual que por repetición de maniobras generaban un proceso inflamatorio, como primer estadio lesional. Como ejemplo, una de las lesiones más antiguamente descriptas por la medicina laboral fue la "tendinitis del filetero de pescado", hoy tenemos lesiones más modernas, como la inflamación en el codo conocida como "codo de tenista", que afecta tanto a alguien que juega al tenis con preparación insuficiente como a un trabajador que utiliza un destornillador rutinariamente.
La identificación de lesiones profesionales surge desde el mismo ámbito laboral, relacionado directamente con la efectividad y el costo profesional.
¿Por qué surge esta lesión? Simple. Por ejemplo todos conocemos lo que se siente después de estar algunas horas sentados frente a un monitor. Cuando esta situación se repite sistemáticamente todos, o casi todos los días de nuestra vida, generamos adaptaciones. Se establecen tensiones de acomodación a la carga que representa la postura de trabajo. Estas tensiones se instalan lenta e insidiosamente, no somos concientes de ello, por lo cual se trata de un proceso silencioso que instala las bases para una enfermedad crónica. Así, los profesionales manifiestan comúnmente dolores musculares y articulares como los primeros síntomas de un proceso que en sí es mucho más complejo y que afecta nuestra capacidad ejecutiva y de selección de variables, en fin, nuestra capacidad profesional.
Nuestro sistema nervioso regula el estado muscular de base, el tono o tensión muscular. El tono muscular aumenta en las situaciones de estrés, desde el estrés fisiológico, una respuesta normal de adaptación, hasta lo que comúnmente conocemos como estrés; ese estado de alerta continuo que todos conocemos muy bien, desgraciadamente. La adaptación postural es el primer mecanismo que se pone en marcha ante una carga de trabajo dada, el ejemplo del monitor, y esta adaptación depende tanto de la postura en sí como de la cantidad de horas que estamos en ella. Cuando estamos sentados algunas horas las curvas fisiológicas, normales, de la columna vertebral se modifican afectando ritmos respiratorios y circulatorios, y fundamentalmente musculatura paravertebral y de la cintura escapular, los hombros. Los músculos de la nuca están en una tensión constante sosteniendo la cabeza frente al monitor, ante una gran exigencia visual y discriminativa, razón básica por la cual los profesionales padecen comúnmente cervicalgias, cervicobraquialgias, lumbalgias, etc, como elementos emergentes de un proceso más profundo, con implicancias complejas y difíciles de medir a nivel profesional.
¿Cual es el costo? En condiciones normales, el cuerpo funciona automáticamente, no somos concientes de cómo nos sentamos, como caminamos, como nos movemos para lo cotidiano, entonces el cerebro se ocupa de cosas importantes, como tomar decisiones. Pero cuando hay dolor o malestar físico esta situación se modifica y tomamos decisiones en un marco de contaminación sensorial, y lo más grave es que nos adaptamos a este marco al punto de considerarlo nuestra normalidad. El costo profesional aumenta, inevitablemente. A priori, la adaptación postural a las cargas de trabajo es inevitable, pero, tanto en función de la salud, nuestro capital más importante, como de la efectividad profesional, el trabajo debe contemplar mecanismos de compensación continua y prevención de estas lesiones.
Una actividad postural, basada en el conocimiento de la dinámica de la profesión debe formar parte del día a día de nuestro trabajo. Más adelante nos referiremos puntualmente a la sobrecarga postural en columna vertebral, y que mecanismos de prevención podemos poner en marcha.
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