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Definiciones básicas de la Salud Pública asignan a instituciones vinculadas a las actividades físicas el rango de coadyuvante en la atención preventiva y promoción de la salud. Las entidades deportivas están incluidas en esta compromiso, debiendo reconocer además las recomendaciones derivadas de los diferentes organismos de la medicina del deporte. En los últimos años se le está concediendo una atención cada vez mayor al deporte en niños, la iniciación deportiva, capítulo que merece una especial discusión, dadas las condiciones en las que se forman nuestros deportistas jóvenes. Una frase muy utilizada en el medio deportivo dice : "el deporte es salud". Según una definición de la Organización Mundial de la Salud, actualizada por la Cátedra de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UBA, la salud es "una situación de relativo bienestar físico, psíquico y social, el máximo posible en cada momento histórico y circunstancia sociocultural determinada, considerando que dicha situación es producto de la interacción permanente y recíprocamente transformadora entre el individuo (entidad bio-psico-socio-cultural) y su ambiente (entidad físico-química-psico-socio-cultural y económico-política)." De esta definición se desprende que el estar sano o tener salud es un concepto que va mucho más allá del no padecimiento de una enfermedad, sino que es el resultado de un proceso en evolución y construcción permanente, que en el caso que nos ocupa, la práctica deportiva, requiere del individuo y de los encargados de su entrenamiento una actitud responsable y participativa.
El proceso de entrenamiento deportivo es un proceso de adaptación celular, un proceso residual de gran precisión, en el que interactúan de manera simultánea y a través del tiempo las respuesta generadas por el organismo ante la presencia de una carga de entrenamiento. Como tal, el proceso de adaptación se enmarca en el crecimiento y desarrollo del individuo, una historia única, lo que quiere decir que las respuestas que el organismo produzca serán aquellas compatibles con las posibles según su momento histórico. Este aspecto es fundamental, ya que cualquier exigencia que esté planteada por encima de las posibilidades de adaptación normal o supercompensación, será una sobrexigencia, sinónimo de lesión, a corto o largo plazo. En este sentido, la bibliografía deportiva define a las lesiones en accidentales o típicas. Las lesiones accidentales son aquellas producidas tanto en competencia como en entrenamiento, y son mayoritariamente de tipo agudo (desgarro, esguince, etc ) Están vinculadas a tanto a factores externos (estado del campo, por Ej.) como a situaciones específicas del juego (un choque en deportes de contacto, por Ej.). Implican un alejamiento temporal de la práctica deportiva, de días a meses, y un reordenamiento de los planes de entrenamiento. Las lesiones típicas, en cambio, están vinculadas a la repetición gestual y son producto de polimicrotraumatismos repetidos (lesiones de rodilla en saltadores, lumbalgias en patinadores, etc) es decir, tienen relación directa con las cargas del entrenamiento. La forma de instalación de estas lesiones es insidiosa, son procesos verdaderamente crónicos. Es importante diferenciar un aspecto: en el deporte de alto rendimiento, dado el gran volumen y la alta intensidad de cargas, la probabilidad de este tipo de lesiones es alta. Sin embargo, nuestra experiencia nos dice que son muy comunes en niveles juveniles. Por supuesto, existen muchos factores que favorecen la instalación de lesiones, entre ellos la identificación entre el esfuerzo y el dolor y las presiones extradeportivas, lo que comúnmente supera barreras adaptativas, pero la génesis de la lesión se encuentra en la inmensa mayoría de los casos en deficiencias de formación.

¿Qué ocurre en los niveles de formación deportiva, en la iniciación de una práctica q ue va a ser periódica por años?
Como dijimos antes, el proceso de entrenamiento se enmarca en el crecimiento y desarrollo del individuo, como condición indispensable para el desarrollo de la salud. Solo a través de este proceso dirigido en términos de salud podemos hablar de rendimiento deportivo. Ahora bien: ¿es coherente hablar de rendimiento en el deporte infantil? o en todo caso ¿de que rendimiento hablamos cuando se trata del deporte infantil o juvenil? ¿cuales son los márgenes de seguridad para los adultos que se inician en un deporte? Existen muchas preguntas para las que no tenemos una respuesta acabada. La sensación es que la práctica deportiva, tanto en los niveles iniciales como en los superiores, tanto recreativa como competitiva, simplemente transcurre, sin grandes planteos sobre el como transcurre, y en que dirección. Desde nuestra perspectiva, urge definir o acercarnos a una definición de salud aplicable al contexto deportivo para, a partir de ella, estar en condiciones de evaluar los procesos vinculados al entrenamiento y su impacto sobre las personas en términos integrales.
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