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Regulación durante el ejercicio (parte I) La principal función de este sistema es la de proveer oxígeno a los tejidos y la eliminación del CO2 como subproducto del metabolismo celular. Este sistema está compuesto anatómicamente por los pulmones izquierdo y derecho, divididos en lóbulos; y el sistema de conducción del aire atmosférico, que se divide en: fosas nasales, faringe, laringe, tráquea y bronquios. Como tal, la respiración es un conjunto de procesos, tanto mecánicos como químicos y neurológicos que incluyen de manera secuencial a: - La ventilación: un proceso mecánico, en el que interactúan factores tales como las diferencias de presión (atmosférica y pulmonar), actividad de la musculatura respiratoria y elasticidad del tejido pulmonar, como grandes aspectos. - La absorción del oxígeno: (O2) en los alvéolos y su captación por los capilares pulmonares y la eliminación del dióxido de carbono (CO2) o respiración externa. - El transporte de O2 a los tejidos: a través del sistema circulatorio. - El intercambio gaseoso: a nivel celular o respiración interna. El ingreso de aire a los pulmones, la inspiración, es posible a través de la musculatura respiratoria, en donde el músculo principal es el diafragma, estimulado por el nervio frénico, mientras la espiración normalmente es pasiva.
En condiciones de actividad se incrementa la actividad neurológica y muscular, disparados por las alteraciones en la concentración de CO2 en sangre producto del ejercicio, que estimula el centro respiratorio bulbar localizado en la parte superior de la médula. En reposo, la frecuencia respiratoria en un adulto es de entre 15 a 20 ciclos (inspiración - espiración) por minuto para un volumen de aire de aproximadamente 0,5 litros, y durante el esfuerzo aumentará en relación directa con la intensidad del ejercicio y el grado de entrenamiento. El trabajo respiratorio durante el ejercicio responde al aumento de la demanda de O2 debido a la actividad muscular y la eliminación del CO2 producto de esa actividad. Así, la acción del aumento de concentración del CO2 sobre el centro respiratorio bulbar provocará un aumento de la ventilación, resultando un aumento de la amplitud y frecuencia respiratoria, pudiendo llegar hasta 60 respiraciones por minuto. La amplitud respiratoria aumentada permite la utilización de lo que se llama aire de reserva, lo que resulta en una mayor actividad del tejido pulmonar para aumentar la captación de O2 y la eliminación del CO2.
La actividad física regular aumenta la capacidad de utilización del O2 por los tejidos, en particular el tejido muscular, en relación conjunta con el sistema cardiovascular, siendo la presencia del O2 el factor principal para el trabajo físico.
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