| Puro mujer |
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El objetivo de esta columna es generar un espacio, abrir el juego desde una perspectiva lo más amplia posible sobre la problemática deportiva femenina, teniendo en cuenta básicamente dos aspectos a veces contradictorios:- el grado de conocimiento científico actual torna obsoletos a muchos enfoques del entrenamiento en uso, - un alto porcentaje de los juicios comunmente observados sobre rendimiento deportivo, y el femenino en particular, carecen de fundamento científico. Un poco de historia Las antiguas Olimpíadas eran un espacio exclusivo de los hombres, como lo fueron en un inicio nuestras Olimpíadas modernas. Salvo excepciones, la inserción masiva de las mujeres en el ámbito deportivo ocurre recién a partir de la 2° mitad del siglo XX, se trata del ingreso a un mundo (deportivo) ya establecido, es decir, un proceso de adaptación a un medio desarrollado por siglos en función de los hombres. No vamos a hablar -por ahora- de la significación social de este ingreso, pero si me interesa iniciar esta discusión sobre un aspecto en particular: el desarrollo del rendimiento deportivo femenino tuvo su génesis en los programas de entrenamiento concebidos para los hombres, y aún hoy esos patrones tienen vigencia. En años de formación deportiva no recuerdo una materia vinculada al rendimiento femenino, de hecho, a ningún entrenador se le piden conocimientos específicos sobre fisiología femenina o algo básico cuando entrenamos personas, el conocimiento preciso de un ciclo menstrual. ¿Cómo es posible solicitar un esfuerzo físico específico sin saber en que fase de su ciclo se encuentra mi deportista? Si aceptamos, como punto de partida, que una situación deportiva determinada es una situación extraordinaria, dado el complejo vital en el que participan los grandes sistemas corporales, y en el que se liberan a la circulación grandes cantidades de hormonas, queda claro que el desconocimiento de la fisiología femenina no es un asunto trivial, y cuando decimos crítica, nos referimos tanto a una potencialidad de daño como de aumento del rendimiento. Pero no se trata solo de eso. Se trata de hacernos una pregunta simple ¿existe la posibilidad de desarrollar una metodología del entrenamiento femenina? o dicho de otra manera ¿tiene sentido aplicar los mismos métodos de entrenamiento a personas con un sistema endócrino estable, mayor porcentaje de tejido muscular, mayor talla, etc, (hablamos de los hombres) mientras las mujeres tienen un alto rango de variación de producción hormonal, menor capacidad de desarrollo de fuerza, características biomecánicas específicas y particularidades en todos los niveles vitales? No se trata de entrar en la arcaica y absurda discusión mujeres vs hombres, sino todo lo contrario, bucear en la información científica actual, que es mucha, y particularmente desperdiciada en el mundo deportivo local, para en todo caso explotar las diferencias y enriquecer el conocimiento. El juego esta abierto.
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La Isla 09 desde Puro Deporte en Vimeo.





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