Hockey PDF Imprimir E-mail
Una mirada evolutiva
Desde una perspectiva biológica, un equipo, del deporte que sea, puede ser asimilado a un organismo, y se comporta como tal.
En el caso del Hockey en los colegios nos encontramos con un flujo constante de alumnos que atraviesan la actividad a lo largo de la formación escolar, una población en proceso de formación deportiva específica que mantiene un cuadro constante a lo largo de la formación educativa primaria.

 

El grupo de alumnos que conforman un grado tiene un modo conductual inespecífico: si bien el número total de alumnos conforma un conjunto, la dirección de la enseñanza hace hincapié en la efectividad individual, generando heterogeneidad de conductas.

¿En que contexto conductual se aprende Hockey en los colegios?
Nuestra experiencia nos dice que las metodologías asociadas a la técnica individual y al registro racional de las situaciones de juego tiene una alta incidencia, y eso es lógico en un deporte de características que requieren cada día más precisión.
El problema conceptual que se plantea es el siguiente: el Hockey es un deporte de conjunto, que depende de conductas cooperativas, e iniciar el proceso de aprendizaje con énfasis en la técnica y lectura individual de las situaciones de juego presenta cuanto menos un conflicto:
¿Armamos una jugadora o un equipo de hockey?
¿Y qué son las conductas cooperativas en un deporte que necesita de una alta precisión individual?
Las respuestas no son directas, pero podemos resumirlas en una alta percepción témporoespacial, de carácter específico: la lectura de 22 puntos en desplazamiento constante en un plano, la relación que estos puntos en movimiento establecen entre sí, y la técnica individual como vehículo de comunicación.

Como dijimos, una población que se mantiene constante a lo largo del proceso educativo nos permite medir y proyectar los modos evolutivos de conductas gregarias de carácter específico, en paralelo con las evoluciones psicomotoras individuales.
Nuestra mirada pone el foco en la formación deportiva en etapas de desarrollo, a partir de los 8 años, creando y aplicando metodologías basadas en los procesos neurofisiológicos que hacen al crecimiento y desarrollo de un individuo y los conocimientos previos del campo en cuestión, retroalimentados por la observación constante de la población deportiva en análisis.
Los patrones de desplazamiento de un equipo, de sus jugadores, surgen de una percepción espacial que se instalan de hecho a partir de modos de enseñanza.
Esa simultaneidad de desplazamientos individuales, repuestas personales a un problema común, deben ser reconocidas por los profesores, ya que los puntos de ruptura de nivel de un conjunto siempre es consecuencia de la singularidad, que genera una reacción en cascada al resto del equipo.
Solo el conocimiento aplicado de la neurofisilogía del desarrollo hace posible la detección de esos momentos sensibles de un equipo, garantizando su evolución y la construcción de su identidad.

 
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